Arquitectura Moderna
lunes, 3 de julio de 2017
lunes, 25 de mayo de 2015
LOS NUEVOS PARÁMETROS DE LA ARQUITECTURA MODERNA.
A principios de los años 20 las experiencias artísticas empezaron a ser aplicadas y traducidas al mundo de la arquitectura, naciendo así un audaz sistema constructivo basado en formas elementales, asimétricas y abiertas, negando cualquier monumentalismo e historicismo pasados. Esta oleada se difundió por toda Europa a lo largo de los años 30 desarrollando visiones y conceptos desconocidos entorno a la naturaleza misma de la arquitectura y sus componentes.
Durante el periodo de entreguerras se inició un proceso de regeneración de los ideales artísticos tradicionales que se da a conocer como movimiento moderno y concretamente el nacimiento de un nuevo estilo arquitectónico: el estilo internacional.
Aprovechando las innovaciones técnicas del siglo XIX: acero, vidrio y posteriormente hormigón armado, la arquitectura se decantó por estructuras donde la base portante fuese independiente de las paredes de cerramiento, creando así una fluidez espacial y continua que difumina la franja, hasta entonces claramente marcada, entre interior y exterior. Del mismo modo propugnó un uso honesto y natural de los materiales huyendo de revestimientos que oculten su apariencia y esencialidad.
Ahora la frontera entre el interior y el exterior queda anulada con un contacto absoluto de ambos espacios donde las paredes divisorias ya no responden a funciones estáticas ni estructurales, sino que pasan a ser elementos con total versatilidad y maleabilidad. Esta delimitación conecta ambientes con una elasticidad espacial de múltiples combinaciones de división del espacio, rompiendo con la rigidez y compartimentación que caracteriza la arquitectura decimonónica; ahora el espacio se rige por la continuidad fluida de un recorrido sin delimitaciones bruscas.
Desde un punto de vista ideológico-funcional observamos también un giro que buscó la renovación social a través de la arquitectura de manera que esta ofreciera unas mejores condiciones de vida, no solo en el ámbito físico sino también un entorno que propiciara el desarrollo mental humano. Una arquitectura al servicio del hombre, concebida desde y para el individuo.
Es importante también como se exponen nuevos caracteres de comprensión del espacio y su ordenación. El problema esencial de la arquitectura en este momento es la casa familiar obrera que gracias a inéditos procedimientos constructivos brinda la posibilidad de crear delgados esqueletos estructurales basados en la “planta libre”, premisa fundamental de la concepción moderna del
espacio.

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Por otro lado, el problema de la vivienda obrera tiene su repercusión en el urbanismo que condujo a la arquitectura a un debate entre criterios cuantitativos y cualitativos. Los funcionalistas optaron por la casa mínima y la estandarización de la construcción resolviendo dificultades de cantidad; no obstante la arquitectura orgánica se decantó por estructuras en las que la dignidad humana y el mensaje espiritual fueran el eje de su concepción. Ambas alternativas no son, exclusivamente, diferentes expresiones de gusto sino que la concepción de nuevos espacios, así como la representación del tipo de vida que en ellos se lleva. La arquitectura se concibe ya no solo como visión artística, sino que tiene un planteamiento social en el centro del cual se encuentra el ser humano en su dualidad cuerpo-alma como leif motiv de la creación.
Este aspecto tiene una carga importante en la poética de Aalto, donde esta calidad de vida en el ámbito urbano y arquitectónico se vincula estrechamente con la naturaleza, traduciéndose en una amplia y particular idea de cultura, donde el sujeto es el máximo exponente de la creación.
En lo relativo a la composición formal y paralelamente con las vanguardias artísticas, el estilo internacional se opuso al historicismo decimonónico y al decorativismo aplicado, apostando por volúmenes nítidos de superficies tersas y espacios diáfanos, continuos, sin delimitar ni cerrar. Inclinándose hacia geometrías simples y articuladas que contraponen lo recto a lo curvo, en una comunión de contrarios perfectamente armónica. Practica asimismo una riqueza expresiva individual, donde cada elemento tiene su propia autonomía e idiosincrasia, aún estando integrado en un conjunto de principios unificadores. Se adopta una ornamentación que inserta materiales diversos y en contraste, con un fresco sentido del color, que llevan a un conocimiento psicológico del hombre. Observamos dos vías formales: una de rasgos geométrico-racionales y otra más orgánica y humanizada.
Comenzando el siglo XXI es fácil olvidar que nació una arquitectura que ahora nos es tan familiar, pero ese cambio supuso en su momento un giró sorprendente respecto la tradición. En todo el mundo y, por lo que aquí nos concierne, los países nórdicos tomaron un impulso que capturaba los valores de la industrialización, pero también otros supuestamente eternos: claridad en la forma, proporciones elegantes y poca ornamentación.
ARQUITECTURA FINLANDESA: CARACTERÍSTICAS GENERALES.
Finlandia es una región de gran extensión, de lo contrario es un territorio escasamente poblado debido a que un alto porcentaje de su territorio está cubierto de lagos, pantanos y bosques. La capa cultural construida es en vastas regiones sólo una delgada película sobre la superficie de una naturaleza imperturbable, con un papel destacado y central en cualquier de las facetas del país. Es un ejemplo excepcional de la coexistencia entre la naturaleza, el hombre y el progreso.
En cierto modo es lógico, que la arquitectura sea el primer y más importante arte en Finlandia, ya que así lo imponen las coyunturas climáticas. No obstante la arquitectura se sitúa en una relación silenciosa y respetuosa con su entorno; admirando la realidad natural, entendida como beneficio indiscutible del bienestar humano. Es una arquitectura pensada para el hombre; eje de toda concepción constructiva y urbanística. Esto ha dado lugar a un proceder concreto en sus edificaciones en las que siempre ha prevalecido el contacto directo con el mundo natural, en una integración armoniosa entre paisaje y arquitectura, naturaleza y técnica, vínculos que han sido de doble sentido.
En la arquitectura finlandesa es fundamental la unión exterior-interior; una relación sin mediación alguna que entorpezca una fusión en la que el uno se integra en el otro en un sentido correlativo, creando un organismo único con partes claramente diferenciadas, pero vinculadas entre si con un mismo objetivo: componer un todo. Arquitectura y naturaleza interactúan de manera que la una penetra en la otra en un parentesco próximo, fundiéndose pero respetándose.
El jardín como pequeña representación de lo natural es el límite de la vivienda, y su importancia supera o igual cualquier otra estancia; es el espacio de transición entre lo exterior y el refugio con escala en el porche que conduce al hall, como atrium romano, ejerciendo este de organizador central de los espacios. Es pues, esencial la proximidad a la naturaleza, construyendo estructuras semejantes a pequeñas células en si mismas, pero integradas en un tejido.
Debido a su situación geográfica comprometida, Finlandia se ve totalmente determinada por unos recursos y condiciones meteorológicas limitados, que han hecho de su arquitectura un estilo y cultura con sello propio. Su atmósfera y neblina crean una densa sensación de soledad que invade al viajero; no obstante esto tiene su repercusión en la arquitectura y el interiorismo. El mismo Alvar Aalto habla de los “dos rostros” de la casa finlandesa. Uno presenta la unión inmediata con el exterior que pertenece a una tradición más meridional; el otro, “el rostro invernal”, se refleja en los espacios más íntimos mediante “una decoración que acentúa el calor”.
De todos modos su distancia no ha significado un aislamiento respecto a otras tendencias culturales; contrariamente en la arquitectura finlandesa, a pesar de las distancias, es fácil reconocer diferentes influencias venidas desde oriente a occidente, del mediterráneo a la propia Escandinavia.
Los materiales más comunes utilizados para la construcción cambian poco en Finlandia a lo largo de los siglos; en sus edificaciones predominan la madera y la piedra a pesar de que esta siempre sea dura y difícil de trabajar. Por su parte la madera es fundamental en la arquitectura finlandesa, siendo desde épocas muy primigenias hasta la actualidad el principal material de construcción gracias a la técnica del encastre horizontal de troncos que perduró más allá de los años 40, que se inició su proceso de industrialización del sector. Por este motivo es fundamental considerar la larga historia de este material y la lógica de cada uno de sus motivos.
La piedra también tuvo su destacado valor sobretodo en épocas medievales, pero con el tiempo el ladrillo rojo adquirirá un gran uso y valor social; incluso construcciones de madera se pintan de rojo para crear la sensación del ladrillo. Igualmente la pintura fue cambiando de color según los dictámenes de la moda y la importancia de la construcción.
En las primeras décadas del siglo XX, con el cambio de siglo y la independencia de Finlandia (1917) hubo un giró en la línea arquitectónica hacia el racionalismo técnico en el que tuvieron un papel destacado Nyström, Lindqvist y Sonck, que perduró hasta los años 20. Finlandia procuró crear un estilo propio, debido también a una urgente necesidad de identidad nacional. Desde este momento hubo una fuerte oleada de clasicismo que recuperó las formas grecorromanas, pero su corta vida dio paso a finales de esta misma década a un pujante funcionalismo que desafiaba las problemáticas de los tiempos modernos y que quería liberalizarse de toda referencia histórica. Es en este punto cuando encontramos las grandes aportaciones de Asplund, Bryggman y Aalto.
Posteriormente, y ya en fechas actuales, la arquitectura finlandesa ha tomado un papel destaco en el panorama constructivo por su sabia combinación de los elementos más propicios para un bienestar humano plural.
ALVAR AALTO - VILLA MAIREA (1937-1939):
Aalto fue uno de los primeros arquitectos modernos en surgir en Escandinavia y Finlandia, ya desde principios de 1930 se dio a conocer a nivel mundial debido principalmente a su gran éxito con el Sanatorio de Paimo (1929-1933). En estos años mostró una clara adhesión al funcionalismo; no obstante cinco años más tarde se oponía a él cuidadosamente, vinculándose entonces a un racionalismo humanizado. A lo largo de los años cuarenta y cincuenta tomó forma su versión del nacionalismo finlandés, defendiendo cierto tradicionalismo que se deformó hacia rasgos más monumentales y manieristas.
Nuestro análisis, sin embargo, se centra en esa transición del funcionalismo industrialista a la “humanización de la arquitectura”, punto donde encontramos Villa Mairea, una obra ligeramente excepcional en la evolución arquitectónica de Alvar Aalto. Hemos tomado este ejemplar por su vanguardista concepción arquitectónica, pero también por la capacidad intelectual del arquitecto en la comprensión del hombre y su entorno. Por ello hemos creído de muy destacada relevancia las reflexiones y escritos del propio arquitecto, no solo sobre el mundo constructivo sino también sobre aspectos sociales, culturales y vitales; por ello hemos integrado de manera textual algunas de sus palabras por su claridad y lucidez.
No se ha pretendido hacer un estudio muy exhaustivo ni detallado de cada uno de los aspectos de la obra; por lo que hemos optado por un discurso más genérico, pero no por ello simplista, sino que intenta englobar y captar los principios del pensamiento arquitectónico de Alvar Aalto. A la vez, con ello hemos querido hacer también un pequeño esbozo de determinados lugares comunes de la arquitectura que creemos esenciales y que ayudan a una mejor definición y comprensión de la misma. En definitiva, Villa Mairea es la excusa para tratar las bases, que creemos, esenciales y que dan significado a la arquitectura.
Queremos plantear aquí la síntesis de contrarios tan común en la práctica de Aalto: la naturaleza y la arquitectura, el hombre y la ciencia, la tradición y la modernidad. Una fusión atemporal entre la tradición finlandesa y las formas orgánicas frenadas por un racionalismo que integra respetuosamente la naturaleza como elemento esencial de la estructura arquitectónica; no como mero paisaje o pretexto decorativo. Pone en debate el funcionalismo y la tecnología como servicios para una más placentera relación con el medio ambiente, no como destrucción.
Esta reconciliación entre arte y ciencia, arquitectura y naturaleza, técnica y hombre es llevada a cualquiera de los ámbitos y procesos del conjunto arquitectónico; desde la topografía, los materiales, las texturas, la luz... a partir de una teoría muy personal, sobre estos conceptos y la habitabilidad del ser humano en el entorno natural, siempre apoyada en textos del propio Aalto.
Villa Mairea se debate entre lo antiguo y lo moderno, entre lo finlandés y lo extranjero. Una única dicotomía agrupa el resto de debates desarrollándose a lo largo de toda la obra: la máquina y la naturaleza; constante en su trayectoria, pero también fundamental en Villa Mairea un trabajo considerado peculiar; pero que mantiene y adapta las esencias del pensamiento altiano. Villa Mairea es, en palabras del propio Aalto, un opus con amore.

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